De pronto me encontré rodeada de una espesa bruma blanca. Era suave y me hizo sentir como si estuviese dentro de una nube. Que distinto era este sueño de todos los otros que había tenido. El aire estaba cargado de misterio y me erizó la piel. Empecé a deambular tratando de buscar la salida, sólo para darme cuenta de que estaba atrapada en lo que parecía ser un laberinto interminable. Poco a poco me desesperé y comencé a rogar por recobrar la conciencia, sin embargo, este no parecía ser un sueño normal… era como si hubiese errado el camino y terminado en alguna clase de dimensión desconocida.
—Dios, sabía que no debía tomar esas estúpidas pastillas para dormir. —exclamé irritada, pero con temor.
Seguí caminado eternamente hasta que delante de mí empezó a formarse una silueta. Primero parecía estar muy lejana, pero empezó a acercarse cada vez más rápido. Mi corazón casi sale expulsado de mi cuerpo. Quise correr, esconderme… pero no había donde ir. ¡Dios, el miedo era tan real!
Por entre la bruma apareció frente a mí un hombre enorme, tan alto que tuve que alzar la cabeza para encontrar su rosto. La oscuridad del lugar no me permitió observarlo bien, aunque pude ver su cuerpo. Era fornido, poderoso y lo bañaba un aura de peligrosidad. Tenía la piel morena, o eso parecía, y el cabello oscuro. A pesar de que aún no podía ver su rostro, supe que debía ser apuesto y aunque no lo fuera su solo cuerpo compensaría esa carencia. Traía puesto un par pantalones blancos hechos de una fina tela que no supe reconocer y un ancho cinturón de seda color marrón que se ajustaba a su angosta cintura. La parte superior de su cuerpo estaba descubierta, su fuerte y amplio pecho se levantaba al compás de su suave y rítmica respiración.
Él pareció sorprenderse tanto como yo, puesto que permaneció inmóvil y mirándome sin decir palabra como si estuviese analizándome. Bajé la vista para ver que era eso que tanto observaba en mí… ¡como no me iba a mirar si estaba prácticamente desnuda! Traía puesta una especie de toga blanca completamente trasparente. ¿Qué demonios?, todo se volvía cada vez más extraño…
Dio un paso hacía mi lentamente, como si no quisiera asustarme. Lo dejé hacer y cuando estuvo seguro de que no echaría a correr, avanzó calmadamente hasta quedar casi pegado a mi cuerpo. Levanté pausadamente la mirada, deleitándome con la visión de su abdomen, pecho y finalmente su rostro. ¡Dios! Sus ojos… nunca antes vi algo semejante. Eran de un profundo verde, aunque fue la amenaza en ellos lo que me estremeció. Su rostro era hermoso como ninguno, con rasgos muy masculinos y definidos, sin embargo, sus ojos no parecían ser humanos… eran más como los de un animal peligroso y hambriento.
— ¿Cómo llegaste aquí? —dijo con voz profunda.
— Yo… no lo sé —contesté tímidamente.
— No deberías estar aquí. Este no es tu lugar.
— Perdón, pero este es mi sueño y puedo hacer lo que quiera.
Sus ojos se volvieron de un verde más intenso y pude sentir como la agresividad creció en él. Simplemente deseé poder abofetearme a mi misma por haber abierto la boca.—Veo que no me tienes miedo.
—Bueno, ¿por que habría de hacerlo si sólo estoy soñando?
— No deberías subestimarme— su voz cada vez más intensa, su mirada recorriendo mi cuerpo con deseo.
—Simplemente, no eres real.
— Suponiendo que tuvieras razón y este es tu sueño, entonces todo lo que ocurra aquí es creado por tu imaginación, ¿no es así? — curvó sus labios siniestra y seductoramente.
— Creo que…
Se abalanzó sobre mí como un animal sobre su presa. Me embistió con su ardiente boca en un beso que me supo a cielo; sus labios eran generosos y sabían complacer. Fue tanta mi sorpresa que no pude reaccionar y simplemente me dejé arrastrar por aquel indómito deseo que atravesó repentinamente mi cuerpo. Sus brazos me rodearon, una mano acunó mi cabeza y la otra bajó lentamente por mi espalda hasta mi trasero, lo agarró firmemente y me atrajo hacia sí para encontrarme con su enorme erección. De su garganta empezaron a brotar suaves gemidos de placer… ¡ay Dios! Esto superaba todas las fantasías que alguna vez pude concebir. Fue dejando una cadena de besos sobre mi piel mientras bajaba por mi cuello hasta mis hombros y suavemente comenzó a desatar la toga con la intensión de desnudarme. Un arrebato de timidez me atravesó y logré separarme de sus labios lo suficiente para susurrar.
— Te sientes tan real. Es tan extraño.
— Querida, no temas. Hoy finalmente conocerás el verdadero significado de tener “un sueño placentero”...
3 comentarios:
Linda me encantan tus historias si que voy a tener un sueño placentero despues de leer esto besoos.
ame tu escrito
mucho placer parece eh?
hace tiempo no tengo un sueño asi... se viene!!jajj
un beso
a los que solo nos queda soñar
besos
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